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Testu n"asturiano En Santiago

Otra edición de les JENUI. En Santiago.

Calor. Añu xacobeu o nunsequé. Y enrriba xuega España, y pémeque ta acabante de ganar les semifinales del mundial (polos berríos que siento na cai).

Pero xente maja, idegues interesantes: "las pelotillas de Luciano", y aquello del reconocimiento de vídeu pa ver si la xente fala bien nes presentaciones de PFC (¡sí!, en tiempu real, y paez que funciona). Y munches otres.

Con ganes de volver pa casa, pero ensin quexame. Préstame anque seya trabayu.

Güey tuve viendo los edificios hestóricos de la Universidá de Santiago, y el paraninfu ye perguapu.

Tengo que preparar les mis presentaciones... Mañana tengo les dos.

Texto en español ¿Es buen profesor un Premio Nobel?

Hace unos días escribí sobre la importancia de las metáforas en ciencia, y casualmente acabo de empezar un libro de alguien con merecido prestigio como un maestro en ese arte: Richard P. Feynman.

El libro, Seis piezas fáciles, tiene varios prólogos, que de momento son lo único que he leído. Y en esos prólogos se habla precisamente sobre las metáforas (puede que vuelva a escribir sobre ello) pero también sobre las cualidades de Feynman como divulgador, como profesor.

Efectivamente, Feynman (premio Nobel por sus trabajos en electrodinámica cuántica) es una leyenda de la oratoria. Uno de esos personajes peculiares, inspiradores, que dejan huella allá por donde pasan. Somos privilegiados porque tenemos Internet, y podemos incluso ver algunas de sus clases. Huelga decir que siempre que Feynman hablaba la sala se llenaba hasta los topes y mucho más allá.

Una de sus obras de divulgación más famosas es sus Lecciones de física. En la Universidad de Caltech, donde trabajaba, alarmados por el desencanto que los dos primeros cursos de física generaban en sus alumnos, pidieron a Feynman que en vez de dar clases a doctorandos y posgraduados diera unas clases en primero y segundo. Sus Lecciones de física, reputadas como una obra maestra de la divulgación científica, no son más que una edición escrita de aquellas clases, en las que se supone que consiguió presentar la física sin utilizar matemáticas complejas, desde un nuevo punto de vista, desde el sentido común. (Seis piezas fáciles no es más que un extracto, a su vez, de las Lecciones).

¿Era Feynman tan buen profesor como dicen? Venga, tenemos un Premio Nobel, pero no un científico autista y huraño, sino un genio de la divulgación, un hombre inspirador, un prodigio de comunicación, de sentido del humor, un maestro de la metáfora y el sentido común, alguien famoso precisamente por saber explicarse como nadie. ¿Acaso no va a ser un profesor de primera?

Pues parece que no. O mejor dicho, no y sí. Y que no parezca que me permito mirar por encima del hombro (¡!) o juzgar a Feynman; sólo intento humildemente aprender de lo que él mismo (o gente muy cercana a él) decía. (Ya sé que yo soy un insecto al lado de este tipo; que no parezca que creo otra cosa, por favor.)

Por un lado, resulta que el número de alumnos matriculados de primero y segundo fue disminuyendo consistente y claramente a medida que avanzaban sus clases. Siempre tenía un montón de gente; pero en realidad era porque se iban sumando alumnos de cursos más avanzados, o colegas profesores (recordemos: Feynman siempre llenaba el local). Y parece que estos fueron los que aclararon sus ideas y sacaron más provecho que nadie.

Los prologuistas de Caltech dicen:

Feynman tenía sólo una vaga idea de lo que quería cubrir. Esto significaba que nadie sabía lo que Feynman iba a decir hasta que se pusiese delante del aula llena de estudiantes y lo dijera. Los profesores de Caltech que le ayudaban se las arreglarían entonces lo mejor que pudieran para tratar los detalles más mundanos, tales como hacer problemas para trabajar en casa.
"Los detalles más mundanos", dicen... Por su parte, el propio Feynman dijo:

El problema consistía en si podíamos o no hacer un curso que atrajese a los estudiantes más avanzados y con más interés, manteniendo su entusiasmo. [...]

Había una seria dificultad para dar estas lecciones: tal como se impartía el curso, no había ninguna realimentación desde los estudiantes al profesor [...]

Del segundo año no quedé tan satisfecho. En la primera parte del curso, que trataba de la electricidad y del magnetismo, yo no fui capaz de encontrar ninguna manera realmente única o diferente de explicarlo [...]

La cuestión, por supuesto, es saber si el experimento [las clases] tuvo éxito. Mi punto de vista [...] es pesimista. No creo que haya servido de mucho a los estudiantes. Cuando veo la forma en que la mayoría de ellos trataron los problemas en los exámenes, pienso que el sistema es un fracaso. Por supuesto, mis amigos me señalan que hubo una o dos docenas de estudiantes que -de forma muy sorprendente- comprendieron casi todo lo que había en las lecciones, y que se mostraron muy activos [...] Pero "el poder de la instrucción no suele ser muy eficaz excepto en los felices casos en que es casi superfluo" (Gibbon). [...]

Creo, no obstante, que la solución a este problema de la educación no es otra que darse cuenta de que la mejor enseñanza sólo puede hacerse cuando hay una relación individual directa entre un estudiante y un buen profesor [...] Es imposible aprender mucho asistiendo simplemente a una lección, o incluso haciendo simplemente los problemas que se proponen.
Fascinante.

Se deduce que Feynman no era, en lo que se refiere al oficio, un profesor fuera de lo común. Era un showman genial y un investigador de primer orden, pero seamos serios: no tenía sus clases preparadas, tenía profesores ayudantes que diseñaban y hacían el trabajo de entrenamiento de los alumnos (es decir, las labores "más mundanas", es decir, el verdadero trabajo de profesor), no consiguió mantener a sus alumnos en clase... y tampoco que hiciesen buenos exámenes.

Y eso que trabajaba en Caltech, una universidad que hoy (y supongo que entonces) cuenta con menos de 1.000 alumnos, una tasa de admisión del 17% y una matrícula de más de 27.000$. Si eso no son alumnos motivados, sólo nos falta secuestrar a sus familias o aplicarles electroshocks. No obstante, Feynman pedía a gritos relación individual directa entre estudiante y profesor como la única manera de enseñar adecuadamente. (Y eso que tenía un Nobel y era una leyenda por su manera de explicarse...)

Pero sí creo que Feynman era un buen profesor en el sentido de que tenía cualidades importantes: tenía sentido crítico sobre la docencia, era consciente de sus limitaciones. Habla de la realimentación, sabe que el experimento (contra lo que digan todos sus aduladores) no funcionó... Sólo dio clase en primero y segundo durante un par de cursos; si hubiera dedicado veinte, seguramente habría acabado siendo alguien absolutamente excepcional. Pero con esfuerzo continuado, con ensayo y error; ni siendo Premio Nobel la docencia se vuelve fácil. En esto, Feynman partía casi de cero, como todo el mundo.

Me llamó mucho la atención la cita de Gibbon; la busqué, y efectivamente pertenece a The Decline and Fall of the Roman Empire (que es de esas cosas que uno tiene pendientes de leer algún día). Habla concretamente de Comodo, cuya crueldad y aberración no pudo evitar su padre dándole una esmerada formación. Feynman y yo parecemos estar de acuerdo en una cosa: una vez se le proporcionan unos recursos mínimos, el alumno es con diferencia lo más importante en su propio éxito o fracaso. Los veinte fulanos más motivados de Caltech van a aprender física, sí o sí; sólo necesitan una chispa. Un Premio Nobel no es mala chispa, pero en la explosión la chispa tampoco tiene tanto mérito, y Feynman lo sabía.

Por cierto, en una Universidad que conozco (donde la tasa de admisión de alumnos viene a ser el 100% y el coste de matrícula es menos de la décima parte que en Caltech) Richard Feynman habría sido llamado a consultas al Vicerrectorado para que explicase por qué sus alumnos suspendían y por qué dejaban de ir a clase. Le habrían echado la culpa, y le habrían pedido que propusiese medidas para mejorar esas cifras, medidas cuyo coste fuera cero para la Universidad. Si hubiera propuesto grupos más pequeños, le habrían contestado por escrito que se dejara de zarandajas e hiciera propuestas a coste cero.

Texto en español Universidad machista

Anuncia El Mundo un reportaje en vídeo que se titula "Universidad machista". Como siempre se habla del machismo de la Universidad y yo no lo acabo de ver claro, voy a mirar. Algo aprenderé. Ya que en mi entorno inmediato no existe tal machismo, a ver qué se cuece en otros sitios.

Y entonces veo una mujer indignada porque le impiden ser catedrática de Universidad, supuestamente, por ser mujer. Bien, esto promete. Tiene pinta de ser trabajadora. Pobrecilla. Qué injusta es la vida.

Después del primer visionado no me entero bien. Y entonces rasco un poco, y lo que le pasó, aparentemente, es que no es que le impidieran ser catedrática; es que compitió con otro y perdió. Bueno, eso es muy normal, así que algo indignante tiene que haber; sigamos indagando.

Ese otro candidato pudo estudiar en el Real Colegio de España en Bolonia; este oferta becas, para sacar el Doctorado Europeo en la Universidad de Bolonia, en las que exige como requisitos: ser varón, ESPAÑOL (PORTUGUESES INCLUIDOS), católico, de conducta irreprensible, menor de treinta años, licenciado en España con muy buenas calificaciones, no padecer enfermedad ni defecto físico o psíquico incompatible con el ejercicio de las funciones correspondientes y no ser funcionario público. También se requieren conocimientos básicos de la lengua italiana.

A esta mujer le indigna que haga falta ser varón, católico, de buena familia (aunque lo cierto es que eso las bases no lo ponen, por más que ella lo diga), de conducta irreprensible, para acceder a esas becas. A mí también. Ese colegio es una residencia fundada en el siglo XIV por el arzobispo de Toledo, un clérigo católico fundamentalista. Se vanagloria de ser el único de los colegios universitarios medievales que subsiste en la Europa continental, y de hecho presume de ser la institución más antigua de España en términos absolutos (véase la página de historia). Dicen que en los tres últimos siglos ha padecido no pocos intentos de usurpación y asaltos de desamortizadores varios, pero siempre tuvo quien supiera defenderlo. El presidente de la Junta de Patronato es... el duque del Infantado (el de hoy, digo). Por terminología y por origen, muy progresista no parece el colegio, no. Afirman que el Colegio se mantiene exclusivamente con cargo al patrimonio que le legó el Cardenal, sin recibir subvenciones ni ayudas de ninguna especie. No sé si créermelo, pero a falta de otra información, es lo que hay: una institución carca, retrógrada, vetusta, pero autónoma y privada.

Claro que me indigna que exista una institución así. Me indigna que a uno le pregunten por su pene para optar a una beca, cómo no. Me indigna que, seguramente, lo de ser "de buena familia" influya lo suyo (como en tantas otras cosas). Y me indigna más, si cabe, que a uno le pregunten por sus creencias religiosas. Me indignan un montón de cosas.

Pero esta mujer dice literalmente que estas becas [...] impiden a las mujeres llegar a ser catedráticas en la Universidad.

Ella puede sacar el Doctorado Europeo, puede sacarlo en Bolonia, puede acumular los mismos méritos, injustos o no, que su competidor. La diferencia, la única que consta, es que él puede sacar ese doctorado alojándose en Bolonia con cargo a esa beca en particular, a la que ella en concreto no puede optar. No se ha quejado de todas las becas sólo-para-mujeres que también existen. Tampoco ha dicho que "esas becas impiden a los que tienen defectos físicos / ateos / mayores de 30 años / licenciados fuera de España llegar a ser catedráticos de universidad".

¿Esa es toda la base que hay para hablar de una universidad machista? Pues entonces es que las cosas están muy, muy bien.

Texto en español La nueva universidad

Alguien llegó, hace unos años, a la conclusión de que la universidad española estaba mal hecha, y había que cambiarla. Fueron unos políticos, en Bolonia. Voy a dejar aparte los aspectos pedagógicos, y voy a ir sólo a los organizativos.

Un problema era que lo que se hacía en un país no se entendía muy bien en otro. Así que se inventaron el "suplemento europeo al título": un papel que explicaba, para los extranjeros, cuántas horas habías estudiado, y cosas así. Buena idea. Bien.

Otro problema era que supuestamente las empresas no entendían muy bien para qué valía un titulado determinado. No sabían que cosas sabía y qué cosas no. Este problema nunca lo entendí, pero los políticos estaban convencidos de que lo había.

Teníamos un panorama en el que había estudios "medios", "superiores" y luego ya el doctorado+tesis doctoral (sólo para investigadores, profesores de universidad y otra gentuza). Dicho de otro modo: primer ciclo, segundo y tercero. Y ortogonalmente había "carreras" más o menos conocidas. Minas, caminos, historia, arquitectura, filología, filosofía, fisioterapia, informática, magisterio, química. Supuestamente, esto era alguna clase de lío. Ah, aparte de esas carreras, había los llamados "máster", que eran unos estudios que generalmente se pagaba la gente que tenía pasta para ello, y que servían de especialización o ampliación, y sobre todo para vacilar y diferenciarse.

Así que ahora, ¡mucho mejor!, hemos pasado a otra cosa, que se llama "grado", "máster" y "doctorado". Supuestamente mucho más clara. ¿Por qué es más clara? Vaya usted a saber. Ahora tenemos grados de cuatro años, que conviven con las carreras medias antiguas de tres. Y quien ha hecho una de las antiguas tiene que hacer cursos adicionales para ser "grado". Ah, lo que ahora se llama "máster" es lo que antes era "carrera superior", y no tiene nada que ver con lo que antes se llamaba "máster". Por otro lado, si antes hacías la carrera superior, luego hacías los cursos de doctorado y después la tesis doctoral. Pero ahora, si haces el máster "moderno", hay algunos (ALGUNOS) que te dan acceso a la tesis, sin hacer los cursos de doctorado.

Es decir, que de la situación tremendamente complicada (¿¿¿???) de antes, pasamos a una mucho mejor, en la que si soy un empleador, y antes no distinguía bien entre carrera media y superior, ahora tengo que elegir entre contratar a alguien con carrera media, grado, carrera superior o máster. Ah, pero espera: si es máster, "de los de ahora", no "de los de toda la vida", que son otra cosa. Y si el doctorado influye en algo, ojo: "¿eres máster de los de ahora (no de los de toda la vida), pero de los de ahora que dan acceso directo a la tesis doctoral, o de los que no?"

Por supuesto, tenemos el problema de la convivencia del sistema antiguo con el nuevo. De los derechos que el título te concedía, y los que te concede ahora. De la comparación entre ambos, y de las equiparaciones. Todo eso está muy, muy en el aire. El inicio del proceso se firmó hace... 11 años.

Otra más: la división en carreras también la han "mejorado". Parece que también era un problema (¿?) que hubiera carreras tan claramente definidas, algunas de ellas reguladas y con colegio profesional. Ahora esas carreras se desdibujan totalmente; cada universidad se inventa las carreras que quiera, y puedes encontrarte con un titulado en [cualquier nombre]. Lo que, sin duda, ayudará a los empleadores a saber qué esperar. Llegará un tipo con "grado en difusión de la información", por decir algo, y para saber si es informático o periodista tendrás que mirarte la lista de asignaturas.

Bueno, al menos nos habremos homogeneizado con Europa, ¿no? Las duraciones de grado y máster encajarán mucho mejor en el panorama europeo, ¿no?

No. De hecho, tengo entendido que en ese aspecto hemos ido muy a peor.

¿Alguien en el público me puede explicar qué se ha arreglado realmente con Bolonia, que requiriese arreglo? ¿Hay algo que haya ido a mejor? ¿Hay algo que no haya ido a peor? (Ciñéndonos a cuestiones organizativas, no pedagógicas, digo.) A mí sólo se me ocurre el suplemento europeo al título.

Texto en español A los padres no les concierne

Leo en La Nueva España esta noticia.

Y la verdad, no entiendo nada de nada.

Casi lo dejo así, porque no sé ni por dónde empezar.

Texto en español Una interesante adivinanza

Por cierto, olvidaba apuntar algo que me contó una fuente de confianza. Una adivinanza. Tras la nevada del pasado fin de semana, las escalinatas de algunos centros universitarios quedaron, por supuesto, cubiertas de nieve pisada y helada, que hacía peligroso subir y sobre todo bajar.

En cierto centro universitario del Campus de Llamaquique... ¿quién se afanaba el lunes en quitar la nieve de los escalones?

a) El decano y el vicedecano del centro
b) El bedel o conserje
c) Un operario de mantenimiento
d) Un guardia de seguridad
e) Personal de limpieza
f) Miembros de organizaciones estudiantiles

Apuesten, por favor. Sopesen factores. A quién corresponde como parte de sus funciones, quién tiene el talante adecuado, quién tiene demasiada soberbia para rebajarse a eso, quién es un funcionario sin disciplina alguna que no necesita dar golpe, quién tiene la capacidad física de hacer ese trabajo. Y adivinen.

¿Ya?

¿Seguro?

Pues claro: la respuesta correcta es la a). El decano y el vicedecano estaban paleando nieve. Si han acertado, apuesto a que conocen ustedes muy de cerca la Universidad.

¿Que dónde estaban los demás, empezando por b)?

Bueno, es otra buena adivinanza. Hagan sus apuestas.

Ah, y busquen una explicación racional. Yo todavía no la he encontrado, así que pónganla aquí.

Texto en español Nos ha jodío mayo

El ex-rector de la Universidad de Oviedo, Juan Vázquez, vuelve a dar clase, por lo visto.

El ex-rector que iba a acabar con las bolsas de suspensos, que apretaba las tuercas a los profesores (a algunos), que pedía innovación docente a coste cero, y que cuando le decías todo lo que habías hecho ya de innovación docente, y qué otras cosas proponías que se podían hacer, te decía (a través de su vicerrector) que para las cosas que ibas a añadir (porque algo tenías que añadir, obligatoriamente) dijeras sólo cosas que dependieran exclusivamente de ti. Vamos, lo que viene siendo coste cero para la Universidad.

Este rector de las medidas punitivas.

Este va y, si es cierto lo que publica La Nueva España, dice hoy, ante el número de alumnos:

Con grupos como estos, Bolonia es imposible.


Nos ha jodío mayo.

Y eso que explica "estructura económica de España", y no en un laboratorio.

Ah, y también dice "Al final de todo esto habrá un examen". No, monín; ahora te pones a hacer evaluación continua, por proyectos, y a revisar trabajos y a diseñar actividades para todos los días; de eso de examen final nada. No te jode.

Pero qué jeta tiene.

Texto en español Deprimido sin saberlo

Dice el secretario de Estado de Universidades, Marius Rubiralta:

La Universidad española debe salir de la depresión y el agujero negro en el que está metida desde hace años. Estamos acomplejados, deprimidos, sin salida.


Pero...

¿De qué coño está hablando este tío?

Que le inyecten Prozac en vena, pero ya.

Y que pida la baja por depresión -él, claro- a la mayor brevedad por el bien de todos, porque ese certero análisis de la situación... no sé a dónde nos puede llevar.

Testu n"asturiano Si ye por eso, la solución ye fácil

Diz Riopedre que el Principáu va dar más perres a les titulaciones con más aprobáos.

Ya nun soi profesor a tiempu completu, pero toi un poco fartu de esa hestoria de los aprobaos y los suspensos.

La solución ye fácil. Ponéy un baremu de perres, y dígovos yo que ye perfácil algamar los oxetivos. ¿Quies el 80% de aprobáos? Fecho.

Toi acabante de llegar d'un congresu de docencia en Granada. Nun sé por qué mos complicamos tanto la vida, y damos tantes vueltes a les coses, y estudiamos por qué suspende la xente, y pensamos meyores maneres de enseñar, más difíciles, que desixen más trabayu... Somos un poco tontos. Los políticos, y la xente, lo que quieren ye aprobáos.

Pues eso ye perfácil. Un aprobáu ye un papel. Profesores del mundu, dáy-yos lo que piden. Aprobái al 80%, y marchái tranquilamente de vacaciones. Ya ta bien de pelear a lo tonto.

Texto en español Los números de la docencia (III)

Se me había olvidado completar los apuntes sobre este asunto.

Resulta que unos compañeros caritativos pudieron gestionar alguna factura con cargo a proyectos que tenían, y gracias a eso... he recuperado, hace unos días, el dinero que pagué por la inscripción a JENUI 2007. Son 290 €. Menos da una piedra.

La conclusión ya salía hace mucho tiempo en un inspirador programa de televisión. Solo, no puedes; con amigos... sí.

Soy un tío muy, muy afortunado.

Texto en español Motivación

De un tiempo a esta parte oigo o leo muy a menudo hablar de motivación, sobre todo en relación con el fracaso estudiantil. Y empiezo a preguntarme si resulta razonable.

La RAE da las deficiones rigurosas y sencillas que debe dar, y la Wikipedia sus explicaciones algo más extensas (que hay que tomarse con las evidentes reservas). Tanto del diccionario de la RAE como de la enciclopedia se extrae una relación clara entre eso que llaman la motivación y el interés, la voluntad, algo que nos mueve a hacer algo en lugar de permanecer quietos. Sobre todo, la voluntad.

El verbo motivar puede utilizarse tanto en sentido reflexivo como transitivo, sí. Pero me parece que se abusa de ese uso transitivo. Dicho sin rodeos: me parece que motivar a los alumnos no es una misión principal de un profesor. No, al menos, en los términos en que se plantea tantas veces. Hay quien dice que no estudia, o no acude a clase, porque los profesores no lo motivan. Al decir eso están diciendo, casi casi, que los profesores no insuflan voluntad en su espíritu. Por poder, se puede remolcar un automóvil, pero ¿se puede insuflar la voluntad?

No creo que sea posible, ni deseable. Creo que quien no está motivado, o quien no se motiva, para estudiar en la Universidad, debe dejarlo. Creo también que cuando a las personas se nos inyecta voluntad que no es nuestra pueden conseguirse con nosotros grandes cosas, pero también grandes desastres y grandes pesadillas, así que tengo mis reservas ante esa posibilidad. Prefiero que quienes obtengan un título universitario sean personas con energía propia suficiente para abordar un reto, superar dificultades, establecer una disciplina, sufrir cuando es necesario, sobreponerse... y buscar una meta nueva cuando se ha superado la que parecía tan difícil. No me imagino a un ciudadano pusilánime, que está ahí como podía estar en otro sitio, que no guarda en sí mismo el principio de su propio movimiento, llegando a lo más alto del sistema formativo que la sociedad ofrece hoy en día, y que es, probablemente, el más poderoso y mejor dotado caudal de conocimientos que ha conocido la Historia (aun con todas las deficiencias que pueda tener, y aun sabiendo que la formación no es sólo la transmisión de conocimientos).

Y desde luego, la dificultad para entender algo (teniendo que recurrir quizás a fuentes complementarias), o el cansancio intelectual, o el aburrimiento, no son las pruebas más difíciles que tenemos que estar preparados para superar. Hay que invertir (frecuentemente a fondo perdido) ingentes cantidades de tiempo, de atención activa, de escucha, de esfuerzo, para aprender a hacer cualquier cosa. No digamos para obtener un título universitario.

Creo que la motivación se puede entorpecer o arruinar; que es (¡desgraciadamente!) fácil desmotivar, eso sí, y creo fundamental aprender a no hacerlo. Pero una vez se elimina el obstáculo, me parece inaceptable que una persona sea responsable de la voluntad de las demás. Ese enfoque puede ser compatible con la guerra, o con la perpetuación de una religión, pero no es muy compatible con la difusión del conocimiento y la formación de ciudadanos autónomos, libres y responsables.

Y de la Universidad creo que deben salir ciudadanos autónomos, libres y responsables, que cultiven en sí mismos lo mejor de la especie humana: la imaginación, la iniciativa, el tesón, la alegría, la búsqueda, la generosidad. No transistores fabricados en una cadena de montaje, que pasan por ella pasivamente. Me parece que quien ingresa a la Universidad viene más bien a dar cosas a la sociedad -muchas- que a recibirlas. Si empezamos esperando a que nos motiven, o justificando así de manera genérica nuestras omisiones, si venimos simplemente a esperar a que nos presten un servicio, la cosa no puede acabar bien. Aunque las aprobemos todas y las autoridades económicas estén muy contentas con los indicadores de... calidad.

Lo que he escrito anteriormente es bastante general. Y por eso es posible interpretarlo en relación con muy variados casos o aspectos particulares y parciales, y hay un peligro evidente de que se interprete mal. No he escrito que un profesor no tenga ninguna responsabilidad en la motivación de sus alumnos, o que no deba cumplir ciertas tareas importantes relacionadas con ella, o que actualmente no haya deficiencias en cómo se hacen esas tareas, o que cualquier crítica respecto a que un profesor no motive lo suficiente esté descartada de antemano. Pero sí creo que se está utilizando el término con ligereza y de manera peligrosa. Puede contribuir a implantar ideas bastante dañinas sin que nos demos cuenta.

Texto en español McCourt y las reformas educativas

Dice en una entrevista Frank McCourt, autor de El profesor (bueno, y de Las cenizas de Ángela, mucho más famoso):

La mejor reforma educativa sería deshacernos de los políticos. ¿Acaso les dicen a los médicos "agarra así el bisturí y corta por aquí"? Pues eso es lo que hacen con los profesores. Nos dicen: "Esto es lo que debéis hacer y si no, no os damos el dinero".

Un punto de vista que no sé si es correcto o no, pero que puede hacer pensar.

Texto en español Los números de la docencia (II)

El viernes pasado encontré sobre mi mesa una carta muy formal en la que las autoridades universitarias de la Universidad de Oviedo confirmaban que no me conceden la bolsa de viaje por mi asistencia a JENUI, donde fui a presentar un artículo sobre las causas de abandono y absentismo de los estudiantes. El motivo es que no soy profesor a tiempo completo, por lo que no cumplo lo que exige el reglamento de bolsas de viaje.

U séase, que los 607 € que costó la broma me los he gastado yo, de mi bolsillito (la semana de vacaciones correspondiente también).

Y la pregunta que me hago es:

¿Debería ir a JENUI el próximo año? ¿Debería seguir investigando, y en especial en docencia? Y de cara al futuro, ¿se os ocurre algo en lo que una persona pudiera gastar 607 €? A mí, sí...

Texto en español ¿Desmantelando la Universidad?

Estamos en una época de reformas universitarias, como es sabido. Y así sea sólo como ejercicio, o como intuición, me pregunto hasta qué punto hay alguna motivación inconfesable. No sé si fue primero el huevo o la gallina, no sé si Bolonia surgió para desmantelar (un poquito) la Universidad o si aprovechando Bolonia hay quien quiere matar dos pájaros de un tiro y desmantelar (un poquito) la Universidad. Así que voy a soltar aquí mi teoría conspirativa. Esto entra en el apartado de "llocaes" del blog, que para eso está.

Las universidades, como institución, tienen ya unos cientos de años. Y desde hace mucho tienen un estatus un tanto autónomo. Cosa que es a la vez buena (el saber, independiente del poder político) y mala (se pueden acabar convirtiendo en el cortijo de unos pocos).

Por otra parte, tradicionalmente los conocimientos superiores no han estado al alcance de todos. Había que ser de alguna elite para acceder a ellos; y viceversa, si uno conseguía acceder a ellos pasaba también a formar parte de una elite, quizás distinta. La Universidad, en lo profesional, era un árbitro importantísimo, que garantizaba (es un suponer) ciertos conocimientos y solvencia intelectual y deontológica, y no se vendía fácilmente. Digamos que por varias razones la Universidad podía considerarse uno de los (pocos) contrapesos del poder, un trocito del pastel que podía estar en otras manos.

En las últimas décadas estudiar en la universidad española se ha puesto al alcance de mucha más gente. Quien realmente quiera (casi), puede intentarlo. Creo que eso es bueno, pero se ha ido combinando con ciertas tendencias perniciosas, resultado quizá de la ola neoliberal en la que vivimos, que desregula y regula lo que le interesa. Y así aparecen algunas novedades un tanto curiosas:

- Pedir cuentas a la Universidad con criterios empresariales de rentabilidad o "productividad" a corto plazo: cada suspenso se considera un fracaso (no importa cuán justificado esté).

- Promover, en consonancia con lo anterior, modelos de evaluación que, si bien didácticamente son defendibles y apropiados pero requieren muchos más recursos de profesorado y una gran inversión en calidad, cuando se aplican sin tales recursos o inversiones tienden a generar titulados que no aceptan la presión, o tasas de aprobados irreales. Lo cual va en detrimento de la valía y del prestigio de dichos titulados.

- Propagar la idea no ya de que la universidad no debe olvidarse de la empresa (eso es correcto), sino de que directamente son las empresas las que deben marcar qué conocimientos imparten las universidades y qué líneas de investigación se siguen.

- Promover un modelo de educación que resta importancia a las clases presenciales en favor del trabajo del alumno. Esto es, en teoría, muy bueno. Pero las horas de clase son el único aspecto directamente medido del trabajo de un profesor, y si estas disminuyen, veremos cómo hay quien infiere inmediatamente que toca reducir el número de profesores. (Poco importa que, desde un punto de vista docente, a más trabajo autónomo del alumno se requieran más profesores.)

- Promover una abundancia de universidades públicas y, sobre todo, privadas, que compiten entre sí con los criterios miopes descritos previamente (¿regalando títulos, quizás?) y desvirtúan el valor de la titulación universitaria. Se sustituye el concepto de servicio público por el de competencia empresarial entre universidades.

- Someter a las universidades políticamente cuando hay ocasión (en Asturias hemos visto peleas de gallos en los periódicos, entre el Presidente del Principado y el Rector, a cuenta de los presupuestos, y recientemente otra vez a cuenta del nombramiento del presidente del Consejo Social).

- Difundir la idea de que los títulos universitarios son equivalentes, o casi, a los de formación profesional.

- Revolver la cuestión de los colegios profesionales y las atribuciones, poniendo en duda el valor de las titulaciones precedentes, planteando que los titulados vuelvan a pasar por la Universidad (y por caja, claro) para revalidar sus títulos, dividiendo, agrupando o desdibujando titulaciones en el proceso, dependiendo de a quién interese debilitar, y siempre dejando entrever claras ganas de desregular el ejercicio profesional. (Lo que al final es otra manera de quitar peso al título).

- Hiper-regular, en cambio, el nombramiento de profesores por las universidades mediante mecanismos de habilitación y acreditación, cuya cara es vigilar la calidad y evitar la endogamia (sólo supuestamente, porque ambas cosas son falsas en la práctica), pero cuya cruz es restar autonomía a las universidades.

- Aplicar el mismo "desdibujado" a los planes de estudio, yendo a grados generalistas e incluso creando catálogos de titulaciones "abiertos" en los que, sin embargo, se pretende incluir ingenierías como la informática.

- Eliminar los tratamientos protocolarios a las autoridades universitarias. Un detalle formal y aparentemente poco importante, pero... ¿revelador? Antes, un director de centro o departamento era ilustrísimo señor, un vicerrector excelentísimo señor, y un rector excelentísimo señor rector magnífico. Desde este año, todos son simplemente "señor", y el rector conserva el "magnífico".

Son detalles. Quizás no tengan nada que ver entre sí, o quizás todos ellos sean fruto de la buena fe. O quizás no sean tan inocentes. Pero es mi opinión que si estas tendencias continuasen y se acentuasen podríamos estar viendo el final de la institución universitaria tal como la conocemos.

Testu n"asturiano Ensin roscos

Hebo un profesor que nel bachilleratu te ponía "un ceru, pero un ceru cuadráu, de los que nun marchen rodando". Dientro poco nun se van poder poner ceros, nin cuadraos nin redondos.

Una orden del Ministeru d'Educación y Cencia diz cómo va facese la evaluación, y pa les enseñances medies diz que la calificación ye un númberu del unu al diez. Nun hai ceros.

Nun ye que seya perimportante, pero entrúgome por qué, por qué, por qué nun se-y va poder poner un ceru a un escolín. El ceru ye un inventu pervieyu y perimportante. Les matemátiques nun sedríen lo mismo ensin el ceru, y pue dicise que ye ún de los hitos del conocimientu humanu. Ye la manera de dicir matemáticamente (cosa que fai falta pa estremalo del daqué, a nun ser colos políticos, que ya se sabe que nun dicen ná y eso sí que ye matemático).

Anque un estudiante nun faiga ná, pero lo que se diz ná, van poné-y un unu. Eso quier dicir que fizo el 10% de lo másimo que podía facer. Namás con tar nes llistes.

Diendo a lo metafísico, nun se pué negar que el fechu de esistir ya yé muncho, y que sí, que'l escolín fai el 10% (y muncho más) de lo que se pue facer, namái con tar perehí faciendo'l canelo. Pero vamos dexanos de metafísiques. Si nun garres un llibru, si nun escribes ná nel desamen, , lo que ficiste ye... cero.

Hai coses de les leyes d'educación de esti país que nun voy pescanciar na vida. Concretamente, dalgunes de les que yos gusten a los gobiernos del PSOE paécemne una mazcayada.

Tán llocos, estos romanos.