Texto en español De traducciones y un libro

He empezado El gato de Schrödinger en el árbol de Mandelbrot, de Ernst P. Fischer. Pese a que me interesan mucho los temas que trata, he leído cinco páginas, y he abandonado. Los temas prometían, pero un título así era una amenaza, y se ha cumplido. Pero diría que un (mal) traductor siempre puede empeorar un mal trabajo.

No sé si Fischer de verdad escribe tan retorcidamente como parece. Si pretendía entretener al lector en el sentido de divertir, recrear el ánimo de alguien, en mi caso me ha entretenido en el de distraer a alguien impidiéndole hacer algo, o en el de dar largas, con pretextos, al despacho de un negocio. Me da la impresión de que parte de la culpa es de José Luis Arantegui, el traductor.

De creer a Arantegui, Fischer habría utilizado expresiones alemanas equivalentes a:

- "estrelleros" para referirse a los astrónomos (o astrólogos, no lo sé).
- "se resolvió a aceptar" para indicar que aceptó o que decidió aceptar.
- "Todo y con ser bonita e importante, su frase no es del todo exacta". ¿Era necesario ese todo y con ser?
- "En la caja amenaza peligro porque allí un gas venenoso que aguarda a que el azar lo libere" (¿?).

Y así todo lo demás.

Puede que Fischer escriba así, pero es que en este libro hay una veintena de notas del traductor, y eso es muy mala señal. Que pasa a ser de alarma cuando se comprueba que la mayoría de ellas no son aclaraciones necesarias para entender el libro, sino ejercicios de erudición de Arantegui (que, no me cabe duda, erudito es).

Cito algunos ejemplos:

[Nota al título "La cámara acorazada del saber", pág. 247] He renunciado aquí a varias y suculentas observaciones sobre la traducción de "Unbewusstes" por "inconsciente", tan canónica como desacertada; pero sin ésta que sigue difícilmente se entenderá el título. Tendría que amplificar el lector castellano en su aparato psíquico el volumen del latín para oír en ese "incon-sciente", igual palabra que en "saber" y en "ciencia", como le ocurre al alemán. Digamos, por hacerlo audible, que "lo inconcienciado es la cámara acorazada del cienciar" donde éste atesora sus reservas y sus ganancias, que es la idea que da título a este apartado.

Yo diría que "tendría que amplificar el lector castellano en su aparato psíquico el volumen del latín para oír..." es como decir "en latín". Y cuánta metáfora, y cuánta historia personal, como si al lector le interesara que el traductor se ha quedado con ganas de hacer algo (ejem).
[Respecto a lo que el autor dice del significado de "exponente" como una cifra sacada del renglón y puesta en lugar destacado sobre él, p. 138] En mi opinión la diferente estructura de alemán y lenguas latinas lleva al autor a confundir pasado con presente (o con pasante). Por lo mismo que un dado no es un Dante, su descripción cuadraría más a "expuesto" que a "exponente" que, si se llama así, es por exponer algo (a saber, la potencia), aunque ciertamente esté expuesto, como cualquier palabra, a toda clase de percances.
Interesante, el traductor corrige al autor y de paso hace chistes.
[Respecto a la expresión "una experiencia del tipo ¡eureka!", p. 193] En el original, Aha-Erlebnis, "experiencia ajá", o "experiencia bombilla" de los comics tratándose de arquetipos en estos tiempos. Naturalmente, en el fondo arquetípico de la historia da igual ajá que eureka, pero por eso mismo.
¿?

[Respecto al uso de la palabra "sujeto" que el autor discute en el texto, p. 259] Que debe de ser la misma razón por la que se llama objeto a las cosas, porque objetan, piensan y hacen etimologías. Aunque en romance castellano se dijera "sujeto" por "súbdito" hasta el siglo XVI, el término escolástico tiene que ver más con la existencia como suppositio, de que no vamos a ocuparnos aquí.

Menos mal... si te llegas a ocupar de eso también, nos cuelas otro libro.

Bueno, podría seguir. Son todas de ese tenor. Si no las entiendes, no es porque no tengas el libro delante; yo lo tengo, y no las entiendo.

Para mí, un buen traductor tiene el duro oficio de hacer posible la lectura de una obra en una lengua que su autor no utilizó, de modo que la obra quede escrita de manera natural y correcta en esa lengua pero reproduzca de manera fiel la original. El objetivo más importante es que se oiga -ni más, ni menos- la voz del autor. Cuando no queda más remedio, un traductor reconoce su derrota parcial al encontrarse con expresiones lingüística o culturalmente intraducibles, se asoma, las aclara con la mayor brevedad posible, y hace mutis.

Aquí tenemos un traductor que aprovechando cada ocasión expone sus opiniones sin ningún pudor, se muestra, comenta, glosa, hace chistes (comprensibles sólo por filósofos de su nivel)... y todo ello con un lenguaje rebuscado, extravagante, afectado.

No puedo juzgar por mí mismo si el trabajo que hace al traducir del alemán es bueno; pero viendo cómo encara otras facetas de la traducción que sí puedo apreciar, dudo mucho que haya podido contenerse para dejar hablar realmente a Fischer. Apostaría a que la prosa es made in Arantegui.

Así que creo que en este libro se han juntado el hambre y las ganas de comer. Una verdadera pena.

P.D.: Después de anotar esto he buscado alguna que otra opinión de lectores sobre el libro... y he encontrado un par de ellas:

Historias de la ciencia: Ya es el tercer libro que leo del mismo autor. Los otros dos fueron “Aristóteles, Leonardo, Einstein y Cia.” y “Einstein y Cia.” Explica diversas anécdotas de la historia de la ciencia. No soy gran amigo de su estilo: no acaba de gustarme; aunque he de reconocer que cuenta algunas muy buenas. Recomiendo leer diferentes párrafos antes de comprar cualquiera de sus libros.

Casa del Libro, comentario de Mireia: El título en sí me llamó la atención, ya que trataban muchos temas que ya estudié en la facultad, estudio química. Lo compré y empecé a leer. La lectura es algo complicada y no por el lenguaje elevado sino porque esta fatal traducido y repleto de faltas ortográficas que no entiendo cómo se les ha podido pasar por alto al corrector del traductor y al corrector del corrector. Así pues personalmente no recomiendo este libro hasta que no se edite una nueva edición corregida.