Texto en español Avatar

Ayer ví Avatar (no pondré ningún spoiler del argumento, aunque a mí me gusta ver las películas sin saber la opinión de nadie). Y recordé por qué odio las manifestaciones culturales multitudinarias. Aun así, recomiendo sin reservas verla, y por supuesto verla en 3D. Dicen que el futuro del cine pasa por el 3D, porque es una experiencia que no se puede copiar ni repetir en casa, pero hace mucho que estoy convencido de que no es así; que acabaremos teniendo en casa cascos simuladores de 3D (y de más cosas), de manera que podamos evadirnos totalmente de la realidad, que es para lo que mucha gente usa el cine. Y es precisamente por eso por lo que el cine y los videojuegos se fusionarán (ya lo están haciendo) para ofrecer ese mundo paralelo que buscamos. Lo de Matrix es sólo cuestión de tiempo, y hablo muy en serio.

La película tiene grandes momentos, un despliegue de diseño y tecnología de animación apabullante, y el resultado es admirable, sin duda. Pero, como siempre, tengo que andar quejándome. Me parece que es una verdadera lástima, que ha estado cerca, pero que -no podía ser de otra manera- ha hecho concesiones de guión al palomiteo, y eso la rebaja un poco. Es buena, pero para toda esa pasta yo le pediría más aún, le pediría la valentía de dar ese saltito al siguiente escalón.

En Avatar aparecen ideas muy interesantes (ninguna nueva del todo, aunque ninguna idea es nueva del todo), está trabajada, los protas están logrados, pero también aparecen algunos trozos de guión convencional, soluciones fáciles o personajes de opereta, sin ningún fondo, que ya hemos visto un millón de veces en peliculillas. Avatar está muy bien, que quede claro, pero todas esas horas de diseño, rendering y storyboards pudieron haber servido para hacer un Ciudad, o Blade Runner, y no lo es. Con Avatar he pasado un rato muy bueno, y quizás perdure, pero si tuviera que apostar, creo que Avatar pasará. Me ha dejado con la boca abierta, pero no me ha tocado suficientemente la mente ni el corazón; no consiguió del todo que la ficción no pareciera ficción. Es una película, y pudo haber sido una epopeya. ¿Qué pasaría si los estudios de Hollywood se arriesgasen a asumir que los espectadores son capaces de soportar un poquitín más de reflexión?

Como en Internet ya está todo escrito y pensado, Quico Alsedo me ha pisado el artículo, porque yo iba a hacer la misma mención a Chaplin y similar reflexión sobre el cine mudo. Él lo dice perfectamente:

Como descojonante es leer ahora que James Cameron reinventa el cine con 'Avatar'. El cine, digo yo, estará por inventarse mientras una película de 1931 parezca tan inviolablemente actual.


Se refiere a Luces de la ciudad. Avatar es apabullante, claro. Pero aunque no les guste el cine mudo, por favor, vean esto y piensen cuántas cosas ocurren ahí en menos de 3 minutos. Yo lo he visto mil veces, y todavía se me salta la lagrimilla.

Y es que la vida es monótona, llena de minutos inútiles, pero nunca sabemos en qué momento va a ocurrir algo que la cambie para siempre. Aquí, en menos de 3 minutos no es que se dibuje la película entera, o toda una manera de contar historias, o toda una vida aprendiendo a contarlas. Se escribe también, de manera inexorable, la vida de dos personas. El sonido de la puerta de un coche puede cambiarlo todo.



Vean Avatar, cómo no; lo pasarán en grande con toda esa tecnología desplegada durante cerca de tres horas.

Y vean Luces de la ciudad. Verán cómo (y eso que cuando se estrenó ya se había inventado la tecnología del cine sonoro) durante cerca de tres minutos se cuenta una historia con la impresionante tecnología de una cámara en blanco y negro, un jarrón, un bastón, un coche, una flor, una música con los silencios adecuados, y dos carteles (no, no sale ninguna teta, lo siento; sólo primeros planos de unos ojos lánguidos que dejan a uno sin habla). Cada maldito segundo de esos tres minutos, cada ceja, cada movimiento de manos, cada paso, nos tiene en vilo, vale por un diálogo entero.

El combate es desigual, y la comparación injusta. Pero un buen contador de historias sabe que no hay epopeya más apasionante y peligrosa para un hombre que sentarse junto a la mujer que uno ama en secreto y mirarla a hurtadillas. ¿Seguiremos acordándonos de Avatar dentro de casi 80 años? Quién sabe. Pero entonces Luces de la ciudad tendrá 160, y probablemente seguirá ahí.