Texto en español Más citas de Jeremy Bentham

Ya estoy terminando Tácticas parlamentarias, de Jeremy Bentham, y aunque no es que sea el colmo de la amenidad, se puede leer bastante bien, y resulta interesante ver cómo teoriza (no muy lejos de la práctica) uno de los pensadores que prácticamente vieron nacer la democracia moderna (uno de los maestros de John Stuart Mill, sin ir más lejos). A pesar del título, no es un libro de argucias, sino un libro sobre cómo cree Bentham que debería funcionar un parlamento. Es más un "manual de organización" que un "libro de recetas para hacer trampa en los debates".

Así que apunto algunas citas más. Una curiosa, cuando habla de la necesidad de dividir los textos normativos en proposiciones muy cortas y numeradas; parece obvio, pero sus palabras nos hacen pensar que no lo es, o que no siempre ha sido tan obvio.

Las primeras actas del parlamento son de un tiempo en que no se usaba todavía la puntuacion, ni eran conocidos los números árabes.


También se retratan, quizás de soslayo, algunos puntos de vista no tan modernos. Por ejemplo, hablando sobre la necesidad de que las proposiciones no contengan nada prescindible:

Supongamos la siguiente proposición:
"En atención á que no hay Dios, quedan derogadas todas las leyes penales relativas á la Divinidad."
Aun cuando todos los miembros de la asamblea estuvieran unánimes para la derogación de estas leyes penales, no se hallaría quizá ni siquiera uno solo á quien esta declaracion de ateismo no indignase [...]


O hablando de otra cosa:

Se tomará más gustosamente por modelo al opulento propietario, á quien la inversion de sus caudales presenta públicamente á las miradas del vulgo, que á un sujeto reducido á la pobreza. Esta preponderancia de la aristocracia es tan natural como justa y necesaria.


Está claro que incluso entre los teóricos del liberalismo siempre ha habido clases y clases.

Otra cosa realmente curiosa, de visionario. Se adelantó a los paneles LCD en muchas décadas :-) Establece la necesidad de que los diputados vean el texto que están debatiendo ; otra cosa que parece obvia, pero que no lo era tanto en un tiempo sin fotocopias ni ordenadores. Y propone este artilugio, que no sé si se llegó a usar alguna vez:

Figurémonos por encima del asiento del presidente una galería que presente de cara dos marcos de un angeo [lienzo basto] con fondo negro movibles al modo de una puerta ded dos hojas que tengan nueve pies de altura con seis de ancho; este angeo regularmente agujereado está destinado á recibir letras de un carácter suficientemente crecido para poder leerse en toda la estensión de la sala. Se aseguran estas letras por medio de una abrazadera, de manera que no puedan descomponerse.


Y otra cosa que no creo que se observe hoy en día, pero yo aplaudo (y sobre todo cuando veo un "debate sobre el estado de la nación"):
Capítulo 19: Esclusion de los discursos escritos

La regla de escluir los discursos escritos se observa rigorosamente en el parlamento británico, y debe observarse en todas las asambleas deliberantes.


Sobre este asunto, citando a B. Constant:

Cuando los oradores se limitan a leer lo que han escrito en el secreto de sus gabinetes, no discuten, sino amplifican: no escuchan, porque lo que oirian no debe cambiar en nada lo que piensan decir; esperan á que concluya el que está hablando; no examinan la opinion que el otro defiende, cuentan el tiempo que emplea y les parece una dilacion. Entonces ya no hay discusion; cada cual reproduce objeciones ya refutadas, y prescinde de todo lo que no ha previsto y de lo que pueda trastornar su defensa, ya de antemano terminada.


Otra regla (de las "relativas al debate", que llama) de la que también me he acordado muchas veces:

3.º No suponer malos motivos jamás. También esta es una regla absoluta del debate británico. Puede uno con toda libertad reconvenir al preopinante por su ignorancia, equivocaciones y pormenores falsos de un hecho; pero no le diga una palabra que inculpe sus motivos; insista sobre todas las consecuencias perjudiciales de su opinión ó de la providencia que sostiene; muestre que ellas son funestas, y que se dirijen a establecer la tirania ó la anarquia: pero no suponga jamás que el preopinante haya previsto y querido semejantes consecuencias.


Bueno, pararé aquí. Si algún lector ha llegado hasta aquí, tiene mérito, porque leer el estilo de Bentham (y de esa época en general) requiere cierta paciencia. (Y no digamos ya leer el mío...)