Texto en español Imbécil

(Del lat. imbecillis).
1. adj. Alelado, escaso de razón. U. t. c. s.
2. adj. p. us. Flaco, débil.


Los diputados españoles debaten hoy sobre qué va a significar a partir de ahora la palabra "gallego".

Un diputado del BNG, Francisco Rodríguez, dice que en el diccionario de la RAE se recogen para gallego las acepciones tonto (en El Salvador) y tartamudo (en Costa Rica). Y eso le molesta, y dice una serie de cosas al respecto. Entre otras, compara la definición de gallego con las de catalán y vasco. Dice que a estas alturas no es de recibo que se puedan avalar planteamientos vejatorios y xenófobos en nombre de un criterio de rigor científico más que discutible. Dice que trasladar a gentilicios definiciones caracterológicas de deficiencias humanas no puede ser avalado por ningún diccionario, mucho más si es pagado con fondos públicos. Dice que este uso de la palabra gallego es escaso e insignificante para el aprendizaje del español estándar.

Con el debido respeto. Me parece una proposición imbécil. Es decir, escasa de razón.

Me pregunto quién es Francisco Rodríguez para juzgar la relevancia del uso de un término en El Salvador o en Costa Rica, cuando el diccionario de la RAE lo preparan expertos en tal labor, y es más, es muy probable que esas acepciones sean aportaciones de académicos de El Salvador o Costa Rica. Se permite considerar discutible el rigor científico de su criterio, cuando lo más científico que hace él es comparar esas acepciones con las de catalán y vasco. Huelga decir que las acepciones de otras dos palabras, científicamente, tienen tanta relación con la acepción de una tercera como la masa atómica del hafnio.

Su enfoque del problema es de una debilidad argumental aplastante, si se me permite el oxímoron. Habla del "aprendizaje del español estándar". No sé qué es exactamente el español estándar, pero en cualquier caso, se olvida de un detalle: de hecho, las dos acepciones que le molestan no son "estándar", y así lo recoge perfectamente el diccionario; nadie va a interpretar que esos usos de gallego son "estándar". De lo que hay que colegir que simplemente quiere que ese conocimiento (particular, peculiar, diferente) desaparezca, porque le molesta. A un usuario no costarricense del diccionario no se le ocurrirá decir "Juan es gallego" para decir que es tartamudo, porque sabe que no se le va a entender. Pero si lee un texto de un autor costarricense, y se da cuenta de que hay algo que no concuerda, podrá recurrir al diccionario y entender lo que ocurre. De hacer caso a Francisco Rodríguez, el único beneficio para la ciudadanía será saber menos de Costa Rica.

Cabe preguntarse, también, por qué considera que la tartamudez es vejatoria, o si no cree que es más vejatorio su calificativo de "deficiente" para con los tartamudos.

No sólo eso. Vayamos a otra cuestión: para qué le pagamos a este señor su sueldo de diputado. Es un debate típico el de si la sociedad se puede cambiar mediante las leyes; hay quien piensa que no, y de hecho yo pienso (es más, he constatado) que sí. No siempre, ni en toda circunstancia, ni en cualquier grado; pero soy favorable a leyes que tratan de cambiar la sociedad, si se hacen con un mínimo de juicio y viabilidad, siquiera parcial. Pero es que en este caso me pregunto quién narices es el Congreso para decidir sobre un hecho científico (lingüístico). Me pregunto si un día de estos veremos al Congreso legislando, por iniciativa de un diputado gallego (dicho sea en un sentido estrictamente salvadoreño), sobre la densidad del aire, a fin de disminuirla mediante una proposición no de ley y reducir así el consumo de combustible.

Pero la cosa es aún peor. Porque aun cuando fuera posible (no lo sé) que el congreso decidiera sobre la verdad científica y los académicos tuvieran que cambiar los libros (no en lo referido a interpretaciones o enfoques o criterios morales, sino en lo referido a datos experimentalmente verificables), no se me alcanza qué efecto puede tener una decisión del Congreso español sobre los académicos salvadoreños o sobre el uso de la lengua en aquel país. Que es lo único que refleja el diccionario en este caso. Como el hecho de que polaco tiene en Costa Rica y Cuba un significado adicional que no tiene aquí.

Por todo ello, no me queda otra conclusión posible. Francisco Rodríguez sostiene sobre este asunto argumentos profundamente imbéciles.

Qué pena que no emigre al Salvador.

4 comentarios:

ROCH dijo...

Enlazando con este articulo, ya de un tiempo, del Catedrático Pérez Reverte.

Guti dijo...

Hay que ver...

De verdad que no era mi intención plagiar a Reverte :-)

No sé si me tranquiliza mucho coincidir prácticamente idea por idea con él. Cualquier día, me cabreo, agarro un sable y salgo a la calle a rebanar gaznates... A él le falta muy poco :-)

ROCH dijo...

Os estais volviendo los dos unos gruñones de agarrate... :P

Anónimo dijo...

"por iniciativa de un diputado gallego (dicho sea en un sentido estrictamente salvadoreño)"
ESTO ES BUENÍSIMO