Texto en español El crepúsculo de los expresidentes

A Felipe González no se le podía negar alguna que otra virtud. Era un encantador de serpientes; sabías que te la estaba colando hasta la empuñadura, pero aun así le dabas la cartera. O quizás es que yo era más joven y manipulable (aunque no tengan por qué ir ambas cosas de la mano) cuando él ejercía, no sé.

Pero fuera cosa de él o cosa mía, da igual; el caso es que envejeció rápido y mal. Dejó de ser encantador (ni de serpientes ni de nada), y se fue convirtiendo en alguien hosco, aparentemente amargado, pagado de sí mismo y sobre todo maleducado. No hay cosa peor que ejercer de expresidente, de estadista, de prohombre, de prócer, de importante hombre de estado que ya alcanzó el cénit de la gloria y ahora se dedica a ser un gran pensador y consejero áulico para iluminar a la Humanidad y conducirla al estado de gracia que él ha podido rozar con los dedos desde su privilegiada condición de timonel de la nación. Después de la presidencia del gobierno parece que toca calarse la mitra.

De Aznar podemos decir más o menos lo mismo, salvo que un servidor, al menos, jamás le vio ningún tipo de talento "oral" ni capacidad especial como a González. Será que con Aznar yo era mayor y menos manipulable (aunque eso sí que garantizo que no va de la mano, desgraciadamente). Pero vamos, que Aznar siempre me pareció una medianía (y me he leído algún libro suyo, por si el problema era sólo de expresión oral y el tío tenía un cerebro escondido en algún sitio). Aun así, también ha ido a peor, por los mismos motivos que González. Su ego no cabe por la puerta de Ishtar, hasta el punto de que la hostia que la ciudadanía le dio en las urnas en marzo de 2004 por las estupideces que cometió él primero ("y las verá su señoría"), y sus subordinados después, lo ha llevado a despilfarrar la tranquilidad y el bienestar de todos los españoles, y quizás la vida de unos cuantos, con tal de no dar el brazo a torcer y admitir que ha perdido. Es la cólera de los dioses. No, de los expresidentes, que por lo visto viene a ser lo mismo.

Empiezo a pensar que las mayorías absolutas tienen el mismo efecto que el anillo de Sauron y degradan a quien las posee. Ayer vi a González utilizar la palabra "imbécil" (de todas las que tenía para elegir) y a Aznar decir las sandeces de siempre (pero encima con un trabalenguas insufrible de los suyos). Adolfo Suárez nunca tuvo mayoría absoluta y nunca hizo el ridículo de esta manera.

Hoy, por una vez, estoy totalmente de acuerdo, palabra por palabra, con algunas frases de Ángel Acebes:

[...] es patético ver a este pobre hombre instalado en el rencor y que ha quedado reducido a hacer el trabajo sucio de [...] sigue sin superar que el [partido X] ganó las elecciones [...] Ha estado a la altura de su trayectoria como gobernante y es el patético final para un ex presidente del Gobierno


Lo que pasa es que él sólo se las aplicó a González, claro.